- A propósito, ¿vites que unos artistas en Pereira
quieren rivindicar la honra de las pereiranas?
- Valiente batalla…
Lo que deben hacer ellas es sacarle jugo a la fama.
Tola y Maruja
El Espectador julio 12 del 2009.
MAS PUTA SERÀ SU MADRE. (PEREIRA CUNA DE PUTAS)
Ya con el titulo nos estamos rasgando las vestiduras. Los primeros en rasgarlas son los hombres que buscan a las damas oferentes del servicio personal de alquilar sus órganos genitales y que leyendo este titulo se despedazan en críticas morales; otras que se rasgan son las señoras que mojan paginas sociales arguyendo la dignidad femenina pero que ofrecen su cuerpo al que mejor pague. Claro, ahí esta, la doble moral de siempre y mas en una humanidad mojigata cargada de santos falsos y predicadores pedòfilos que buscan en las miserias de otros esconder el basurero propio de su actuar. ¿Que si Pereira es cuna de putas?: pues mas puta será su madre. Ese fenómeno complejo no es solo de estos lares, ni de solo las mujeres u hombres que intercambian pago por gratificación sexual especifica, no, ni mucho menos. En ello están implicados muchos actores que generalmente pasan de agache: clientes, dueños o administradores del local, cantineros, garroteros, meseros, proxenetas, padrotes o "madames", cónyuges, familiares y autoridades. ¿Será que toda esta esfera solo se da en Pereira y que todos los vecinos de este municipio están inmersos en alguna parte de este engranaje económico del “servicio personal”? pues en verdad no y es posible imaginar que en la mayoría de los lectores nacidos en Pereira no fue así. El problema seguirá siendo el estigma tan hijo-de-puta con el que toca lidiar en el resto del país y hasta en el mundo, de ser pereiranos o pereiranas. Recordemos que no es solo por lo de la venta del cuerpo también está la fama de ladrones, embusteros, estafadores, pelafustanes, sicarios, y en sí de malandros en general y muy poca notoriedad (aunque los hay) de escritores, artistas, deportistas, políticos; pero ese no es el caso de estas letras. Hoy la cuestión es la fama de las damas de cuna o crianza pereirana en cuanto al temita de la prostitución. Pues bien, no podríamos hablar del tema sin el referente histórico antropológico como humanos y tendríamos que devolvernos en el tiempo para encontrarnos inicialmente a la diosa griega Afrodita como divinidad de la lujuria, la prostitucion y el amor en el contexto carnal de la palabra. Esta misma deidad tiene numerosas equivalentes en diferentes culturas como Inanna en la mitología sumeria, Astarté en la fenicia, Turan en la etrusca y Venus en la romana. Existen además rasgos paralelos con diosas indoeuropeas como es el ejemplo de Ushas integrante de los 33 dioses principales o buenos del hinduismo. En Siria, Fenicia y Asia Menor el eufemismo griego para las prostitutas es la hieròdula o siervas sagradas que pertenecían socialmente a los esclavos dedicados al culto de los dioses. Estas vasallas se prostituían y presentaban a los dioses el dinero que obtenían de esta forma. También es bueno recordar que los primitivos mesopotámicos del cercano oriente combinaron comercialmente el concepto de hospitalidad y la prostitución al ofrecer el servicio sexual de forma “hospitalaria”, es decir, algo más de lo que podía disponer el viajero cansado en la casa del huésped, sin que tuviera que pagar dinero de más por ello. A la par se debe nombrar a los pretéritos babilonios (reino dentro de la Mesopotamia antigua) en cuya legislación ordenaban que toda mujer nacida en Babilonia estuviera obligada, una vez en su vida, a ir al templo de Ishtar, la diosa babilónica del amor, para entregarse en ese lugar a un extranjero. La dama no podía volver a su casa sin que un extranjero le hubiera arrojado dinero en el regazo y sin que hubiere tenido comercio con ella fuera del templo. Así pasaríamos por todas las “cunas” de Civilización moderna con similitudes, paralelos y ejemplos de la misma actividad a través del tiempo. ¿Y entonces que pasa con Pereira? ¿Será que el origen de la fama es como lo afirman algunos pseudos “artistas” y “eruditos” Pereiranos que el principio de todo es por la ubicación geográfica de la ciudad como centro comercial de las principales urbes? ¿Y entonces como explican estos “sabios” la prostitución en Cartagena, Cali, Medellín, Cúcuta, Bucaramanga o en cualquier pueblo pequeño del territorio del país y del mundo?. Como todo lo salido de esas mentes es evidentemente reduccionista y falto de tiesura científica. Claro, Pereira tiene fama de hospitalaria (no hay forasteros, todos somos pereiranos) entonces serian nuestras damas Masopatamicas-Pereiranas? Además tiene fama de tener mujeres bellas (y afortunadamente para las retinas de cualquiera es cierto) pero por ello todas son Babilónicas-Pereiranas? Pues en verdad no debe ser así. El estigma es estigma y tiene su origen en alguna cuasi-verdad, pero sería del todo ingrato pensar que el fenómeno es netamente de la ciudad de Pereira. La “opinión publica” debe recordar ejemplos mundiales de esta actividad como la de aquel gobernante norteamericano pagando con dineros publicos gringos sus canas al aire o al primer ministro italiano Silvio Berlusconi relacionandose con la señorita Patrizia D'Addario que luego de prestar su servicio afirma en público que este señor se comporta como un joven de 20 años… ¿será por lo de eyaculador precoz? Podriamos preguntarnos: ¿habrá prostitución, por ejemplo, en los Emiratos Árabes, en Rusia con sus nuevos ricos-mafiosos, Las Vegas y hasta, se imagina uno, en el Vaticano o la Casa Blanca?
Sin adentrarnos mucho en la historia de nuestro país existen registros de destierros hacia la región del Quindío desde el siglo XVIII (sin iniciarse aún la colonización antioqueña) como obra moralizadora de algunos gobernantes. Ya para mediados del siglo XIX, 1843 para ser más exactos, el gobernador de la provincia de Bogotá destina a 131 mujeres (con nombre propio y todo) a fomentar “nuevas poblaciones” en virtud de su destierro por la perdida del pudor y las buenas costumbres. Es curioso que también fuera el Quindío y la región de San Martín en el Meta los lugares de destino de estas prestigiosas damas. También es curioso que antes de aparecer la prostitución en Pereira (pues su fundación es apenas de 1863) este brote fue naciente problema de la encopetada Manizales a cuya ciudad llegaron los ejércitos “liberales”, como consecuencia de la guerra entre los estados federales de Antioquia y Cauca, acompañados de las famosísimas “juanas” que encresparon a la sociedad femenina pati-frìa. Aquí entra otra variable del análisis del tema y es la forma como las pati-frias de Manizales les cobran a las pati-calientes de asentamiento poblacional que más tarde darìa origen a la ciudad de Pereira el hecho que sus marido bajaran a “divertirse” por estas tierras. Es decir en Pereira vivían las queridas y en Manizales las esposas, por esta rivalidad se empieza a manejar ese concepto de getho-burdel que en décadas posteriores fue también aprovechado por los círculos conservadores de pensamiento para demeritar el hecho de ser Pereira cuna de las primeras ideas libertarias de la región en cuanto a autonomías sexuales, sindicales y profesionales de las mujeres. El estigma podría ser algo así como la cuenta de cobro social que tiene que pagar la mujer pereirana librepensadora por su vida hacia el fangoso lodo de la emancipación. Aparece entonces en la historia la afamada Pereira pero ya para el año de 1894 con la creación de la “Feria Semestral de Pereira”, un evento de gran categoría comercial a nivel nacional donde acudían los grandes negociantes del país; es obvio que detrás del dinero de estos comerciantes y todo el empuje comercial lleguen a Pereira damiselas provenientes de regiones cercanas a establecer sus propios negocios en la ciudad.
Hasta aquí tendrían algo de razón esas “mentes brillantes” de los pseudos “artistas”, pero en este fenómeno se involucran muchas más variables que cada vez son menos asociadas al empuje comercial. Se podría decir que como cualquier otra actividad económica en una región plagada de marginalidad la prostitución es un resultado más del desempleo y/o del subempleo pues como alternativa es de fácil acceso, donde la demanda es abundante para este tipo de actividad y más aún ahora que desde la presidencia de la republica se estimula esta zona del país como “destino turístico” y este concepto es primo-hermano de turismo sexual que es, en lenguaje “políticamente correcto”, un equivalente directo de prostitución rampante. Sonaría a cliché que una de las fuentes más asociadazas a la prostitución sería la pobreza, que aqueja a más de la mitad de la población del país que está por debajo de la línea de la miseria. No se podría afirmar que toda mujer marginal es prostituta, ni mucho menos, pero es evidente que el fenómeno de la pobreza es causa de las diferentes formas de subsistencia “poco santas” en las que se ve involucrada este tipo de población que está expuesta, a su vez, a otros factores de riesgo como el mínimo acceso a programas de apoyo gubernamental, escolaridad truncada, exiguo acceso a bienes de consumo, bajo poder adquisitivo, mínima auto-estima, entre otras. Y son estos mismos sectores poblacionales los más proclives a otros factores que actúan como agentes de peligro dentro de la actividad de la prostitución como son la violencia hogareña, abusos sexuales, dispersión familiar, maltrato, embarazos no deseados en adolescentes, alcoholismo, consumo de psicoactivos entre otras. Para resumir: el camino a la prostitución en la población marginada no es una autopista planeada; la persona llega allí por circunstancias plenamente identificables y modificables. A la prostitución, por lo menos en esa gran parte de la población, no se llega por gusto o por ninfomanía; se llega por un camino sembrado de dolor, abandono social, violencia estatal y miseria. Pero el fenómeno no es solo de estas capas bajas de la sociedad. La prostitución, en Pereira y en las grandes ciudades, también se ejerce en los estratos medios y superiores, con diferentes motivaciones pero en sí la misma actividad. Es conocido el ejercicio de esta actividad por jóvenes (damas o caballeros) para aumentar sus ingresos monetarios y así acceder a bienes de consumo no acostumbrados por sus pares que no ejercen la ocupación de alquiler de su cuerpo. También es evidente el ejercicio entre estratos más altos, o mejor dicho, personas que por sus atributos subieron de estrato y continúan profesando la actividad pero dentro de ese sector. Como ya el problemita se transforma en un tema complejo que está involucrando diferentes actores, de diferentes formas, en diferentes estratos y con diferentes motivaciones es bueno aclarar que dentro de la denominación prostituta encontraremos diferentes tipos a saber: copetinera, bailarina, meretriz, patinadora, masajista, prostituto, prostituto homosexual y/o bisexual y finalmente el tipo pre-pago. Como podemos ver el tema es bastante extenso, con demasiadas aristas. Sin querer queriendo resultamos hablando de prostitución asociado con el tema de la estigmatización de la mujer Pereirana, que cosa más seria, los temas juntos y en este texto tratando de separarlos.
Pues bien señoras y señores: con lo del estigma podemos hacer dos cosas: la primera podría ser ponernos de dignos a exigir “respeto” por nuestras mujeres pero esto es una causa perdida, inútil y pasajera como queda demostrado cada vez que los medios de comunicación avivan este tema y se organiza una marcha que al fin y al cabo no cambia nada y solo sirve para que mojen pantalla los politicos-payasos de turno con sus lagrimones de cocodrilo, o mejor de lagarto, donde se rasgan las vestiduras pero sin tan siquiera romperlas; recordemos: la estigmatizacion es directamente proporcional al grado de indignación y esto es como hablar en un espacio inmenso y vacío donde se repite infinitamente el eco. La otra posibilidad es hacernos los “bobos” y no “pararle bolas” al asunto para que no nos sigan molestando. Sería como cuando en el colegio nos molestaban por cabezones, gafufos o feos y teníamos las mismas opciones de pelear inútilmente o sacarle jugo a la vaina. De cualquier forma y cumpliendo el deber como un ciudadano del mundo de cuna Pereirana aprovecho este tema para hacer una invitación a la manera de un PERFORMANCE a las fuerzas vivas (y muertas) de Pereira a que hagamos una rasgada colectiva de vestiduras en la Plaza del Bolívar desnudo de la ciudad exigiendo el derecho a la prostitución como trabajo legal y bajo las siguientes consignas:
- Plenos derechos laborales a las prostitutas como debería tener cualquier otro trabajador o trabajadora en el país.
- Plenos derechos para el servicio y la cotización en la Seguridad Social, pensión, cesantías y parafiscales (ICBF, Sena, caja de compensación familiar).
- Derechos de jubilación precoz.
- Afiliación plena en aseguradoras de riesgos profesionales.
- Derechos de sindicalización, de huelga, de agremiación y de expresión publica de su labor.
- Normatividad para vigilancia de lugares de trabajo que certifiquen las condiciones óptimas para la prestación de sus servicios, que cuenten a su vez con áreas especificas para esparcimiento, lectura (biblioteca), atención médica y psicológica, gimnasio y sala de estética.
- Libertad para poder trabajar como asalariada y asalariado o bien como trabajadora y trabajador independiente o en cooperativas de agremiación de su labor si se tuviese la oportunidad.
Apreciadas lectoras y lectores: aquí los espero para que abramos el debate.
¡Que viva Pereira, querendona, trasnochadora, morena y libertaria!
Carlos Alberto Rincón Fernández.
Bibliografía:
Prostitución femenina: negocio y marginalidad. Realidades y alternativas en el Eje Cafetero Colombiano. Solidaridad Internacional-Colombia. 2003.
Rodríguez Pablo. “servidumbre sexual. La prostitución en los siglos XV-XVIII”. Historia de la prostitución en Colombia. Aguilar, Bogotá 2002.
Martinez, Aida. “De la moral pública a la vida privada, 1820-1920” Historia de la prostitución en Colombia. Aguilar, Bogotá 2002.
Naranjo Ramos, Maria Emilia. Raices paisas. Bogotà 1999.
Barrios Aguilera, Manuel. “Tusonas, hetairas y pelanduscas” : Sevilla y el oficio mas antiguo del mundo / Manuel barrios.1988
Mora, Antonia. “Del oficio” / Antonia Mora Jose Agustin. 2000.